Categoría : Ciencia

Carl Sagan

Carl Sagan

Gracias a Kirai me entero que el día 20 de diciembre de 2006 se cumplen diez años de la muerte de Carl Sagan.

Cuando tenía 14 o 15 años vi por TV varios capítulos de Cosmos y mi forma de percibir el mundo cambió! Carl Sagan me habló del tamaño del Universo, de la edad de la Tierra, de lo pequeño y grandes que somos, del poco tiempo que llevamos sobre este planeta y de muchas otras cosas.

Con el paso de los años fui leyendo algunos de sus libros: Contacto, El mundo y sus demonios, Los dragones del Edén... todas lecturas recomendables para aquellas personas que les interese ver el mundo desde el punto de vista de la ciencia, para intentar entender el funcionamiento de la vida, de nuestro cerebro y del Universo.

Por todas estas cosas, escribo esta entrada para homenajear a este comunicador que forjó mi manera de percibir la realidad.

En este enlace hay fragmento del libro Cosmos que explica con un ejemplo muy simple cómo funciona la selección artificial: El cangrejo Heike

Algunas de sus frases:

  • Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre.
  • La vida es sólo un vistazo momentáneo de las maravillas de este asombroso universo, y es triste que tantos la estén malgastando soñando con fantasías espirituales.
  • Si quieres salvar a tu hijo del polio puedes rezar o puedes vacunarlo... Aplica la ciencia.
  • A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa.
  • No puedes convencer a un creyente de nada porque sus creencias no están basadas en evidencia, están basadas en una enraizada necesidad de creer.

La Navaja de Occam

La primera vez que leí sobre la "La navaja de Occam" fue en el libro El mundo y sus demonios, de Carl Sagan y me resultó sumamente interesante este razonamiento.

La navaja de Occam (navaja de Ockham o principio de economía o de parsimonia) hace referencia a un tipo de razonamiento basado en una premisa muy simple:

en igualdad de condiciones la solución más sencilla es probablemente la correcta.

Guillermo de Occam, La navaja de OccamSi un árbol achicharrado está caído en tierra, podría ser debido a la caída de un rayo o debido a un programa secreto de armas del gobierno. La explicación más simple y suficiente es la lógica -mas no necesariamente la verdadera- según el principio de Occam. En el caso de árbol, sería la caída del rayo.

Esta regla ha tenido una importancia capital en el desarrollo de la ciencia.

Contenidos extraídos de la Wikipedia.

Relacionado: La importancia de la divulgación científica.

La importancia de la divulgación científica

Circulo EscepticoHace bastante tiempo que quería hacer alguna referencia a la ciencia, el escepticismo y las creencias mágicas.

Así que aprovecho un artículo publicado por el Círculo Escéptico para poner algo del tema.

La importancia de la divulgación científica

Un estracto:

En mi opinión, si se ponen en cuestión los resultados de la ciencia y de la tecnología y si se socavan las mismas bases de la ciencia, son las bases de nuestra sociedad las que se socavan. Y si eso es así, estará en juego nuestro futuro bienestar, tanto material como político e intelectual. Y que nadie piense que esto no puede suceder. En ninguna parte está escrito que las sociedades tengan siempre que avanzar, o que el desarrollo de la ciencia y del saber no tengan vuelta atrás o que no puedan retroceder. Al fin y al cabo, algo así les ha sucedido a otras sociedades a lo largo de la historia, por lo que la nuestra no sería la primera.

Más adelante me gustaría hablar de dos obras que en su momento me marcaron: Cosmos y El mundo y sus demonios de Carl Sagan. Este último lo he releido hace poco y sigue siendo mi lectura preferida sobre el tema.

Un pequeño homenaje a Isaac Asimov

Isaac Asimov On Throne, de Rowena MorrillHe leído en el blog Kirai un pequeño cuento de Isaac Asimov que me hizo volver varios años atrás y recordar este escritor de ciencia ficción que tantas satisfacciones me dio, así que repito aquí el texto de uno de sus cuentos y de paso recomiendo al que no conozca a este autor que se consiga alguno de sus libros (ej: "El fin de la eternidad"), vale la pena :)

La imagen se llama Asimov On Throne, de Rowena Morrill.

Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos.
Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados anteriormente: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño no había habido que tachar jamás ninguno de los nombres anotados.
En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantaba la vista, notando que se acercaba un mensajero.
— Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor!
— Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.
— Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.
— Estupendo. Estupendo. Actualmente ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son ésos?
El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión.
— Ah, sí -dijo Naron-. Lo conozco. -Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.
Escribió, pues: La Tierra.
— Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado de la inteligencia a la madurez tan rápidamente. No será una equivocación, espero.
— De ningún modo, señor -respondió el mensajero.
— Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?
— Sí, señor.
— Bien, ése es el requisito -Naron soltaba una risita-. Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.
— En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los Observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.
Naron se quedó atónito.
— ¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?
— Todavía no, señor.
— Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?
— En su propio planeta, señor.
Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:
— En su propio planeta?
— Si, señor.
Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable como nadie en la galaxia.
— ¡Asnos estúpidos! -murmuró.

 
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